domingo, 3 de agosto de 2014

Relatos y cuentos...

La princesa Amapola...

Como en todos los cuentos la historia comienza así..Había una vez..
Una niña llamada Amapola, un nombre precioso para alguien a quien sus mejillas se tornaban purpura con solo nombrarla.
Vivía en un pueblito pesquero en una isla perdida en el pacífico, de arenas blancas y finas que se colaban entre los dedos finos de la pequeña. Era muy lista y curiosa, todo lo que estaba a su alrededor le llamaba la atención, jugaba casi siempre en una cala cerca de donde pescaba su padre.
Allí imaginaba mil aventuras donde ella casi siempre era la protagonista. habían pocos niños en la isla y siempre ansiaba alguien con quien jugar.
Un día cual es su sorpresa llego un barco de visita al puerto cercano que trajo gente extranjera, eran gentes que vestían casi siempre de blanco y venían con sombreros de paja en la cabeza, personas algo extrañas que hablaban otro idioma, con mucho interés por visitar los parajes de la isla y conocer sus rincones.
A ella incluso le parecían molestos, ya que alteraban la paz de las playas donde ella jugaba, pero aun así le resulto interesante observar a aquellos visitantes tan extravagantes.
Una mañana cálida, ya casi a finales de julio, se dirige a su calita preferida dispuesta a organizar un tenderete con unas ramas secas y un palo viejo que encontró el día anterior, su braco velero a la deriva, lo quería llamar, tenía tanta imaginación que en realidad se creía navegar por aquellas olas azules y descubrir mundo perdidos lejos de aquellas costas, le encantaba soñar que viajaba lejos y descubría lugares insólitos que nadie había visitado y que se convertía en la princesa legitima de sus pobladores. Ya cuando se acercaba a la orilla le pareció ver una bolita blanca moverse arremolinada cerca de aquel viejo tronco que encontró ayer... cuanto más se acercaba más lograba distinguir de que se trataba, no dejo de parpadear al ver que se trataba de un niño, al principio solo pudo distinguir sus ropas, pero era un niño sin duda que estaba jugando con la arena, vestido de blanco, debe de ser un niño que vino con el barco que atraco hace tres días, -pensó- con la misma vestimenta que los adultos que vio bajarse al muelle del gran buque.
Hola, - le dijo al llegar- el niño se giro y se la quedó mirando por unos instantes, de repente esbozo una gran sonrisa, tenía unos dientes tan blancos como su ropaje, se acerco y le dio un trozo de ramita seca que ella el día anterior había amontonado junto al palo para jugar en la playa. No le contestó, debe de ser mudo,- pensó- o - a lo mejor no entiende mi idioma- le hablaré despacio a ver si así logra entenderme, - ¿Cómo te llamas? yo me llamo Amapola...por un instante los dos se quedaron mirándose, pudo darse cuenta que el niño tenía unos preciosos ojos azules como el mar que estaba cerca,y se dio cuenta que no la entendía, pero si que estaba ansioso por jugar, de pronto, después de entregarle la ramita seca, comenzó a poner orden a todos aquellos restos que el mar había dejado en la orilla y empezó a formar algo parecido un barco velero. Ellos se entendían, a Amapola le parecía como un sueño, sin casi comunicarse verbalmente, lograron ponerse de acuerdo...esa es la magia de las almas que se entienden, almas limpias que aun no se han contaminado.

La mañana avanzaba allí perdidos en aquella cala, las horas pasaban lentas, no se detenían a robarles el aliento, con una energía imperturbable continuaban su labor de construir aquel barco velero que surcaría aquellos mares turquezas y blancos espumosos. Una vez terminada la obra, rendidos se echaron en la fina arena blanca, aun sus pechitos palpitaban de emoción y sus miradas complices desprendían un destello de satisfacción por la obra realizada, la habían hecho ellos solitos y era suya, podían hacer lo que quisieran con ella y así lo hicieron.

Se embarcaron en algo que ni ellos mismos imaginaban, echaron el barco al mar, se subieron encima y comenzaron a navegar, al principio el trozo de madera se balanceaba mucho y casi tira al mar al niño misterioso, pero pronto se hicieron con el equilibrio, fue fácil ya que las mareas estaban tranquilas en aquella epoca del año, y los barcos de pesca faenaban para aprovecharlas, pero aquella barquita improvisada y con un trozo de tela mal puesta en un palo, se adentro en alta mar, los niños estaban muy ocupados arreglando la dirección de la tela para que cogiera las mejores rachas de viento y no se dieron cuenta que cada vez se alejaba más y más..pronto sus ojos ya no divisaban la tierra y entendieron que lo conocido ya no estaba a la vista.
Se habían adentrado en lo desconocido...