sábado, 5 de septiembre de 2009

Impresiones de mi Isla...


Impresiones...sólo pinceladas al óleo de este pintor Canario Julio Padrón.

No sólo por ser de mi sangre, estoy orgullosa de que exista alguien en Canarias, capaz de captar la belleza de nuestra tierra de igual manera a la naturaleza.

Desde el Valle de la Orotava al Valle de Gúimar y pasando por el Parque Nacional del Teide; la isla al completo, emerge de las aguas del Atlántico, hermosa y perfecta.

Haciendo un recorrido según los puntos cardinales, al noreste  se encuentra el gran Macizo de Anaga, con sus imponentes picos y cordilleras imposibles; en medio se intuyen los pequeños pueblecitos de Taganana, Chinamada y San Andrés a los pies de Las Teresitas.

Al regreso nos encontramos con Santa Cruz, mi  pueblo natal hecho ciudad, que el tráfico hubiera ahogado si no fuera por los adoquines de sus calles peatonales. Hermosa en su zona centro, con cierto aire urbano y su tranvía de colores, sus gentes aceleradas y sus plazas entrañables. 
Como remanso de paz, encontramos el Parque García Sanabria, con sus múltiples especies vegetales traídas de todo el mundo; que bien puede ser el laboratorio de un biólogo experto en botánica. Y como  olvidar su reloj de flores, que marca la hora en punto, siempre cambiante según la estación del año.
Atravesándola como su columna vertebral La Rambla, con sus laureles de Indias centenarios y flamboyanos de flores rojas, maceteros con hojas colgantes y exposiciones de cruces creativas en Mayo, en honor a la ciudad.

Ya si continuamos en dirección Norte desde Santa Cruz nos encontramos con el barrio La Candelaria y La Cuesta, a medio camino hasta llegar a La Laguna.
Ciudad colonial donde las haya, planicie hundida que en otra época fue una laguna de verdad.
Evocadora de una ciudad de centroamérica, donde la cultura flota en el aire, anclada en el tiempo de los tiempos. Con un encanto ensoñador en sus noches, que deleita a los románticos que pasean por sus calles de otro siglo lejano.

Al ponerse el sol, y desde la Via de Ronda, se puede observar el atardecer sobre las cúpulas de la Catedral de San Cristobal de La Laguna, entre palmeras y caserios del siglo XIX. 

Siguiendo nuestro recorrido llegaremos a la costa norte, comenzamos por Bajamar, lugar de veraneo de los laguneros y su Punta de Idalgo, mágica y perturbadora, mar abierto a múltiples leyendas y remanso de paz, ideal para dejarse llevar por el sonido del agua. 
Aquí he visto  atardeceres naranjas maravillosos, bañando el cielo y las nubes de rosas y violetas, que mueren al desaparecer el sol en el horizonte. 

Si continúo el camino, ya estoy de lleno en la parte Norte de la Isla, que siempre me ha cautivado, por su exhuberancia y sus costas de arena negra, mar siempre embravecido que baña acantilados coronados por plantaciones de plataneras...yo al menos lo recuerdo así...

Llegamos a El Sauzal, pueblo encantador, limpio y ordenado, posee unas vistas que te transportan a un cielo azul claro que se confunde con el mar. Lugar donde siempre soñé tener mi residencia... aunque la vida me ha llevado al lado contrario de la Isla.

Pasamos por Tacoronte, con su casa del vino y sus vistas del Valle y lo dejamos  atrás pasando por La Matanza, La Victoria y Santa Ursula,  y no me detengo aquí porque quiero llegar a el Puerto de la Cruz y La Orotava... ¿que puedo decir?, cuando llego los sentidos se me pierden, el olor y color de la tierra es diferente, con su ruta de los "guachinches" y sus vinos, sus montañas y la visión de la cara norte del Teide, que en invierno nos deleita con su mejor postal navideña.

Las aguas de las nieves del Teide nutren nuestro subsuelo, colándode por las galerías naturales y artificiales, creadas por el hombre con sudor y lágrimas; agua que luego llega a nuestras casas limpia y fresca, y que nos abastece regadíos, fuentes y el 90 % del consumo en viviendas y hoteles. ¡¡¡¡Así que mucho le debemos a las nevadas invernales!!!!.

El Valle de la Orotava, con sus vestigios de expledor, me sigue cautivando, a pesar de sus construcciones y el cemento que lo cubre..en mis sueños lo imagino aún virgen, lleno de vegetación de mil tonalidades de verde, imponente y dejándome atónita como a Humboldt cuando arrivó a éstas tierras.

No me voy a parar en Buenavista del Norte, aunque si me bajaré antes en el mirador de San Pedro, donde la vista se pierde en San Juan de la Rambla, con sus playas escondidas y su costa dibujada de acantilados. 

Última parada, Teno. Inmenso y limpio, aguas azul turquesa bañan esta costa que une el Norte con el Sur; la vista impresionante de Los Gigantes, me recuerda que al otro lado está mi casa.

Muchas son las pinceladas que tengo de Tenerife, estas son solo las de la vertiente Noroeste, Noreste y Norte de La Isla. Quizás la que más conozco y que me es más familiar.
Pero es imposible describirla en su conjunto, tendría que escribir un libro; ya que mi Isla es un "continente en miniatura".

La próxima entrega la dedicaré al Sur, enigmático y lleno de tesoros por descubrir...mi lugar preferido sin duda Güimar, que se merece todo un capítulo dedicado solo a él.

Hasta la próxima entrega...